miércoles, 12 de abril de 2017

Cosas para leer: La monja alférez de Ricard Ibañez


Bueno, y aunque en esta el elemento sobrenatural sea muy menor, anecdótico casi, de nuevo quiero resaltar un libro de aventuras histórico que se sale del molde, escrito en este caso además por un autor tan estrechamente vinculado a los juegos de rol como el gran Ricard Ibañez (para el que no lo sepa autor del decano del rol español, el Aquelarre, y también del juego del rol del Capitán Alatriste entre otros).

La novela es narrada fundamentalmente en primera persona por Catalina de Erauso, una mujer que vivió como hombre y como soldado en la primera mitad del siglo XVII. El resumen es bien conocido, Catalina se fuga de un convento en su adolescencia y, disfrazada de hombre, viaja por diversos lugares de España antes de embarcarse hacia América y  allí luchar con honores en las guerras contra las mapuches. Tras ser descubierta en su suplantación el personaje ganó notoriedad transitoria, para después ser prácticamente olvidada y recuperada por el romanticismo.

El relato sigue un camino azaroso e irregular, en que se suceden los golpes de fortuna y de desgracia, pero lo que en pura ficción sería quizás tildado quizás de falta de estructura en una historia inspirada en hechos reales proporciona verismo. Por muchos momentos el modelo evidente es la novela picaresca, con nuestra protagonista pasando de amo en amo, cometiendo algunas tropelías y metiéndose en problemas.   Rompe, por supuesto el molde, la actitud abierta y casi desenfada hacia la sexualidad de la protagonista, que quizás resulta un poco chocante dada la forma y circunstancias del relato, que Catalina comparte con una monja en el monasterio donde es confinada al revelarse su impostura.

El toque sobrenatural al que me refería es mínimo, y tratado siempre desde un punto de vista subjetivo que no niega la historicidad básica del relato, pero deja abierta la puerta a mucho más. La aparición de la sorgina (bruja en euskera) en los primeros capítulos, o la profecía de un misterioso anciano quechua cerca del final, se insertan perfectamente en el entorno realista.  La primera especialmente nos lleva a vislumbrar un mundo nebuloso al que no volvemos a tener acceso en el resto de la novela, dejando una sensación de apenas haber rozado la superficie de un relato mayor.

El estilo de escritura utiliza una mezcla de modernidad en la estructura y abundantes arcaísmos y jerga que resulta agradable y fácil de leer, a veces lastrada por un exceso de notas. Catalina, en sus varias identidades masculinas, se mueve por diferentes estados y una variedad de registros, pero la supuesta narración en primera persona unifica en parte todos ellos. El autor se lleva, por supuesto y como es lógico, al personaje a su terreno y algunas de sus opiniones y discursos resultan más contemporáneos que modernos.

Sobre la edición de Devir poco que decir, bonita sobrecubierta con el retrato del personaje y pequeñas ilustraciones en forma de letras capitulares y un sencillo mapa de la América española que visita el relato. Personalmente no soy muy amigo de las notas a final del capítulo (prefiero las notas al pie o agrupadas al final de la obra, que a mi entender hace más sencilla la consulta) pero nada más negativo puedo decir de la edición.

Una lectura interesante, que toca varios palos y ofrece viñetas de diversos aspectos de la vida de principios del siglo XVII, una novela picaresca moderna que se lee con placer.

Puntuación: 8/10
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