martes, 6 de septiembre de 2011

Cosas para (no) ver: Conan de Marcus Nispel

poster conanEmpecemos por lo positivo, que será más breve: a mi personalmente Momoa me parece que, físicamente al menos, podría ser un Conan casi perfecto, si dejamos de lado detalle, fácilmente subsanable, del color de los ojos (el que no se molesten en hacer algo tan sencillo como eso ya debería haber sido una señal). Quizás el peinado no sea al que estamos más acostumbrados, cierto, pero el pelo de Conan ha cambiado tantas veces con el tiempo que un cambio más o menos no me parece digno de mención.

También tengo que decir que aunque tengo mucho cariño a la película de John Milius estoy lejos de idolatrarla y por tanto no esperaba ni un remake ni una actualización. Y realmente resulta curioso que ahora perezca que se trataba de una película perfecta, olvidando sus múltiples defectos.

Cuando entre en el cine lo que deseaba era, contra todo pronóstico, que esta película ofreciera, por fin, algo que se pareciera al Conan de Howard, en pantalla. Pero mi esperanza fue rápidamente aplastada de forma inmisericorde. Nada más empezar, el conocido “Escucha, oh príncipe…” es secuestrado por la torticera trama apocalíptica que han decidido inventarse. Y a partir de allí, con muy pocos momentos salvables, la película continúa en una caída imparable. Toda la película resulta confusa, parece avanzar a trompicones entre las escenas “molonas”, pero al final carece de ningún momento memorable. Lo más chusco son los extraños ecos de la película de Milius que efectivamente salpican la película, en la mayoría de los casos sin venir a cuento.

Otra vez, como ya paso con Solomon Kane, nos encontramos con que se empeñan en crear una historia de origen para el personaje, en este caso una historia de venganza más vista que el TBO pero que no tiene ni pies ni cabeza. Por algún motivo parece que el plan de Khalar Zym quedó adecuadamente en suspenso durante veinte años, dando tiempo al niño Conan a crecer y estar listo para aparecer justo en el momento preciso en el lugar preciso, también debemos creernos que ha estado ese tiempo buscando a un tipo que (al contrario que el Thulsa Doom de la película del 82) nunca se ha escondido.

Respecto al aspecto de la Era Hiboria poco que decir, ciudadelas creadas por ordenador que pueden ser bonitas en ocasiones pero que obviamente no tienen vida, y que se ven como lo que son, telones pintados. Los combates son caóticos y confusos, los errores de continuidad (incluyendo la maravillosa armadura que aparece y desaparece) unidos al montaje chapucero no ayudan tampoco a enterarse de lo que se supone que está pasando.

En definitiva, otra oportunidad perdida y otro fracaso más que poner en la lista de adaptaciones del pulp. Otro ejemplo de maltratar un personaje, y una franquicia, para luego culpar a que la “marca no es lo bastante popular” del lógico fracaso de unas películas cuanto menos mediocres y completamente olvidables. Sobre todo cuando en pro de lo supuestamente comercial han quitado de dicho personaje todo lo que lo hacía característico.
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